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Lamparita de mesilla realizada con candelabro antiguo

Ref. CA1111 – Lamparita de mesilla realizada con candelabro antiguo

La luz que nos ilumina

Que mala pata, caramba. Hacía tanto tiempo que no visitaba a la tía Julia, y a la media hora de estar en casa, mi hija, que es un trasto, jugando, ya le había roto un jarrón a la pobre tía.

Yo no sabía dónde meterme. Me quedé con los ojos como platos, mirando el pobre jarrón destrozado en el suelo, para después ver, cómo la linda pieza de mi niña, nos miraba a las dos, con ojos de corderito, diciéndonos: lo siento…

Por supuesto, que la reñí enseguida, y exigí que pidiera perdón inmediatamente a la pobre tía Julia, que sonriéndonos, nos decía: “Pero hija, tranquila, que no pasa nada, son cosas de niños. Es normal, tienen que jugar. Además, este no era de los caros.” Y con una sonora carcajada, nos reímos con la ocurrencia, mientras limpiábamos el estropicio.

Tía Julia vivía en la casa familiar que había pertenecido a los abuelos, y que ella, soltera por convicción, nunca había llegado a abandonar. Recuerdo que, de pequeña, me gustaba ir a pasar temporadas allí, porque siempre encontrábamos rincones donde jugar al escondite, y descubríamos tesoros ocultos en cada habitación, en el desván, en el pajar… ¡Tantos sitios donde poder jugar!

Así lo recordaba con tía Julia, mientras mi hija, ya con la lección aprendida, jugaba tranquila en el sillón, con su muñeca. Entonces, mi tía me dijo: “Ven conmigo, anda, vamos a rebuscar en el desván, para reponer el hueco, que allí tiene que haber muchos más.”

Y allá que subimos, escaleras arriba, hablando sin parar, hacia el desván de los abuelos, para retroceder en el tiempo, a golpe de polvo y telarañas y baúles antiguos, cajas, maletas de cartón… Al fondo, se encontraba una estantería repleta de jarrones antiguos, de cristal unos, de porcelana otros, más atrás de cerámica y de barro. En otra de las baldas, estaban los candelabros, de bronce, de alpaca… que perdidos sus colores brillantes, dormían el sueño de las cosas que ya no encuentran espacio en nuestros días, pero que no hace tantos años, eran imprescindibles en la vidas cotidianas de todas las casas. Candelabros que, ya sean humildes u ostentosos, eran necesarios para iluminar cualquier casa de noche.

Yo me quedé fascinada mirando todo aquello, que para mí, seguían pareciendo hermosos tesoros, que me traían a la memoria otros tiempos. Mientras la tía me iba contando cosas sobre ellos. Dónde había comprado su madre tal o cual objeto, que si eran herencia de su madre, o regalo de algún pariente… Algunos me llamaron poderosamente la atención. Y tía Julia, observadora como pocas, me dijo: “Algún día, hija, todo esto será tuyo, ya que nadie como tú, va a saber apreciarlo.”

“Pero tía, eso de algún día, suena tan lejos…” Le dije, mientras le ponía caritas, que sé que a eso, nunca se me había podido resistir… ¡Y vaya si mis caritas tuvieron éxito!

Hoy recuerdo a la tía, cuando por las noches, en la cama, alumbra mi lectura un bonito candelabro transformado en lamparita… Ese primer tesorito que tía Julia me regaló…

Ref. CA1111 - Lamparita de mesilla realizada con candelabro antiguo

Ref. CA1111 – Lamparita de mesilla realizada con candelabro antiguo

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Mueble de baño y repisa

Ref. CA1110 – Mueble de baño y repisa creados con antigua tabla de lavar

El agua que nos lleva

“¡Uy, Señor! ¡Pero hija mía, que bonito que te ha quedado!” -le decía Carmen a su nieta Ana, viendo en lo que sus viejas tablas de lavar y el arrodilladero, con el que tantas horas había pasado lavando ropa, se habían convertido.

“Anda que… Y yo que ya habría tirado todo esto hace tiempo. Total, no son más que trastos viejos… Trastos viejos, que me recuerdan a otros tiempos, de los cuales, algunas veces, mejor no acordarse. ¡Qué dura era la vida entonces, hija! Levantarse antes de amanecer, y no dejar de trabajar, ni un solo minuto en todo el día. Criar a cinco hijos, mi niña, no fue fácil. Tiempos duros… muy duros, hija…

Y eso que tu madre, por ser la mayor, me ayudaba mucho, no sólo cuidando de tus tíos, sino también con las faenas de la casa, la comida, cuidando el ganado… Cuando ya se fue haciendo mocita, siempre quería acompañarme al lavadero, la jodía muchacha, que en pudiendo quedarse en casa… Mira que…

Y ella insistía… “Que la ayudo madre, mientras usted restriega, yo voy enjuagando la ropa en el rio”. Y ea, allá que iba ella, toda dispuesta. Mientras que yo cargaba el canasto de la ropa, ella agarraba la panera y el arrodilladero, para hacernos la faena un poco más llevadera, y allá que nos íbamos las dos para el lavadero.

Cierto es que, ir a lavar me servía de distracción, porque allí nos encontrábamos las vecinas, y entre los chascarrillos de una y los cotilleos de otras, se nos hacía más amena la tarea. Y mientras, tu madre, tan contenta, en cuanto yo tenía algo ya restregado, allá que se iba a la orilla a aclararlo.

¡Qué interés que ponía la muy cuca de ella! Aunque la cosa tenía truco. Y es que, al otro lado del río, estaba la era, y qué casualidad, siempre a la misma hora que nosotras llegábamos, estaba allí el Tomás, el hijo del tío José el Mantero. Y ahí estaban los dos, como bobos, echándose miraditas y sonrisas, desde un lado al otro del río.

Y yo sonreía, mientras que la Jacinta me daba con el codo, y señalaba a tu madre con la cabeza. Y las dos, mientras restregábamos con fuerza, comentábamos lo buen muchacho que era el Tomás, y lo buen trabajador que era.

Y cierto que ha sido buen muchacho el Tomás, porque gracias a él, mi hija es la mujer más feliz que yo haya visto, y me ha dado un regalo precioso… Tú, hija mía, mi nieta del alma…

Por cierto, Ana, hija.. ¡Mira que te ha quedado bonito esto! Vamos, vamos. Cuando tu madre me lo dijo, no me lo podía creer…”

Ref. CA1110 – Mueble de baño y repisa creados con antigua tabla de lavar

 

Perchero de baño hecho con tabla de lavar antigua

Ref. CA1109 – Perchero de baño hecho con tabla de lavar antigua