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Lamparitas de mesa hechas con botellas de vidrio

Ref. RA3108 – Lamparita de mesa hecha con botella de vidrio

Ref. RA3107 - Lamparita de mesa hecha con botella de vidrio

Ref. RA3107 – Lamparita de mesa hecha con botella de vidrio

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Lamparita de mesilla realizada con candelabro antiguo

Ref. CA1111 – Lamparita de mesilla realizada con candelabro antiguo

La luz que nos ilumina

Que mala pata, caramba. Hacía tanto tiempo que no visitaba a la tía Julia, y a la media hora de estar en casa, mi hija, que es un trasto, jugando, ya le había roto un jarrón a la pobre tía.

Yo no sabía dónde meterme. Me quedé con los ojos como platos, mirando el pobre jarrón destrozado en el suelo, para después ver, cómo la linda pieza de mi niña, nos miraba a las dos, con ojos de corderito, diciéndonos: lo siento…

Por supuesto, que la reñí enseguida, y exigí que pidiera perdón inmediatamente a la pobre tía Julia, que sonriéndonos, nos decía: “Pero hija, tranquila, que no pasa nada, son cosas de niños. Es normal, tienen que jugar. Además, este no era de los caros.” Y con una sonora carcajada, nos reímos con la ocurrencia, mientras limpiábamos el estropicio.

Tía Julia vivía en la casa familiar que había pertenecido a los abuelos, y que ella, soltera por convicción, nunca había llegado a abandonar. Recuerdo que, de pequeña, me gustaba ir a pasar temporadas allí, porque siempre encontrábamos rincones donde jugar al escondite, y descubríamos tesoros ocultos en cada habitación, en el desván, en el pajar… ¡Tantos sitios donde poder jugar!

Así lo recordaba con tía Julia, mientras mi hija, ya con la lección aprendida, jugaba tranquila en el sillón, con su muñeca. Entonces, mi tía me dijo: “Ven conmigo, anda, vamos a rebuscar en el desván, para reponer el hueco, que allí tiene que haber muchos más.”

Y allá que subimos, escaleras arriba, hablando sin parar, hacia el desván de los abuelos, para retroceder en el tiempo, a golpe de polvo y telarañas y baúles antiguos, cajas, maletas de cartón… Al fondo, se encontraba una estantería repleta de jarrones antiguos, de cristal unos, de porcelana otros, más atrás de cerámica y de barro. En otra de las baldas, estaban los candelabros, de bronce, de alpaca… que perdidos sus colores brillantes, dormían el sueño de las cosas que ya no encuentran espacio en nuestros días, pero que no hace tantos años, eran imprescindibles en la vidas cotidianas de todas las casas. Candelabros que, ya sean humildes u ostentosos, eran necesarios para iluminar cualquier casa de noche.

Yo me quedé fascinada mirando todo aquello, que para mí, seguían pareciendo hermosos tesoros, que me traían a la memoria otros tiempos. Mientras la tía me iba contando cosas sobre ellos. Dónde había comprado su madre tal o cual objeto, que si eran herencia de su madre, o regalo de algún pariente… Algunos me llamaron poderosamente la atención. Y tía Julia, observadora como pocas, me dijo: “Algún día, hija, todo esto será tuyo, ya que nadie como tú, va a saber apreciarlo.”

“Pero tía, eso de algún día, suena tan lejos…” Le dije, mientras le ponía caritas, que sé que a eso, nunca se me había podido resistir… ¡Y vaya si mis caritas tuvieron éxito!

Hoy recuerdo a la tía, cuando por las noches, en la cama, alumbra mi lectura un bonito candelabro transformado en lamparita… Ese primer tesorito que tía Julia me regaló…

Ref. CA1111 - Lamparita de mesilla realizada con candelabro antiguo

Ref. CA1111 – Lamparita de mesilla realizada con candelabro antiguo