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Mueble de baño y repisa

Ref. CA1110 – Mueble de baño y repisa creados con antigua tabla de lavar

El agua que nos lleva

“¡Uy, Señor! ¡Pero hija mía, que bonito que te ha quedado!” -le decía Carmen a su nieta Ana, viendo en lo que sus viejas tablas de lavar y el arrodilladero, con el que tantas horas había pasado lavando ropa, se habían convertido.

“Anda que… Y yo que ya habría tirado todo esto hace tiempo. Total, no son más que trastos viejos… Trastos viejos, que me recuerdan a otros tiempos, de los cuales, algunas veces, mejor no acordarse. ¡Qué dura era la vida entonces, hija! Levantarse antes de amanecer, y no dejar de trabajar, ni un solo minuto en todo el día. Criar a cinco hijos, mi niña, no fue fácil. Tiempos duros… muy duros, hija…

Y eso que tu madre, por ser la mayor, me ayudaba mucho, no sólo cuidando de tus tíos, sino también con las faenas de la casa, la comida, cuidando el ganado… Cuando ya se fue haciendo mocita, siempre quería acompañarme al lavadero, la jodía muchacha, que en pudiendo quedarse en casa… Mira que…

Y ella insistía… “Que la ayudo madre, mientras usted restriega, yo voy enjuagando la ropa en el rio”. Y ea, allá que iba ella, toda dispuesta. Mientras que yo cargaba el canasto de la ropa, ella agarraba la panera y el arrodilladero, para hacernos la faena un poco más llevadera, y allá que nos íbamos las dos para el lavadero.

Cierto es que, ir a lavar me servía de distracción, porque allí nos encontrábamos las vecinas, y entre los chascarrillos de una y los cotilleos de otras, se nos hacía más amena la tarea. Y mientras, tu madre, tan contenta, en cuanto yo tenía algo ya restregado, allá que se iba a la orilla a aclararlo.

¡Qué interés que ponía la muy cuca de ella! Aunque la cosa tenía truco. Y es que, al otro lado del río, estaba la era, y qué casualidad, siempre a la misma hora que nosotras llegábamos, estaba allí el Tomás, el hijo del tío José el Mantero. Y ahí estaban los dos, como bobos, echándose miraditas y sonrisas, desde un lado al otro del río.

Y yo sonreía, mientras que la Jacinta me daba con el codo, y señalaba a tu madre con la cabeza. Y las dos, mientras restregábamos con fuerza, comentábamos lo buen muchacho que era el Tomás, y lo buen trabajador que era.

Y cierto que ha sido buen muchacho el Tomás, porque gracias a él, mi hija es la mujer más feliz que yo haya visto, y me ha dado un regalo precioso… Tú, hija mía, mi nieta del alma…

Por cierto, Ana, hija.. ¡Mira que te ha quedado bonito esto! Vamos, vamos. Cuando tu madre me lo dijo, no me lo podía creer…”

Ref. CA1110 – Mueble de baño y repisa creados con antigua tabla de lavar

 

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