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Lámparas con pie de calabaza

Ref. CA1100 – Lamparita de mesa con pie de calabaza

Al calor del Fogón

Me confieso que soy nefasta cocinera. Y es que, no me gusta cocinar, qué le vamos a hacer! Dios me habrá dado alguna virtud, pero la de cocinar, no.

Cada vez que miro hacia arriba, y veo mi lámpara colgada del techo, me vienen recuerdos de tiempos pasados… Recuerdos del ayer, que permanecen nítidos en mi memoria… Recuerdos de otros tiempos, en los que, precisamente, el tiempo, se medía de otra manera. Las prisas no valían para nada.

Qué cocidos, qué calderetas, qué migas, qué… Uhmmmm! Qué bueno, por Dios!!!. Siempre que pienso en mi abuela, me viene a la memoria cómo, siendo pequeña, entraba a hurtadillas en la cocina, y veía a esa mujer enjuta, fuerte, de personalidad arrolladora que, entre sus pucheros y calderos, empezaba a preparar la comida de mediodía, justo después de terminar de desayunar.

Despacito, al calor del carbón, en su cocina de leña, comenzaba con su ritual diario. Hoy toca cocido. Garbanzos sembrados y segados por el abuelo, tocino y chorizo de la matanza del año pasado, su bofera o mondongo, y con el agua del pozo, que todavía entonces se podía beber, sin peligro de caer malo. Todo junto, y a cocinar a fuego lento, durante horas, y de tanto en tanto, un pequeño meneo, para que no se agarrara.

Sólo después de un par de horas o tres, la comida estaba lista. No era precisamente una olla exprés, pero su sabor…. No hay color, no! Nunca he vuelto a comer algo tan rico, ni tan auténtico.

¿Y su puré de calabaza? Con esas calabazas de formas increíbles… Unas, redondas y grandes, otras, que el abuelo traía del huerto, y que tanto trabajo daban para abrirlas, duras y tersas, como piedras, por fuera, y carnosas y jugosas por dentro, con ese olor dulzón… Con ellas, la abuela preparaba purés de calabaza para cenar, que a mí me encantaban.

Ahora, cada vez que entro en mi cocina, miro hacia arriba y me digo… “Ay, abu, ojalá te tuviera a mi lado para que me dijeras cómo cocinar esto o aquello!” Al menos, cada vez que miro hacia arriba, me acuerdo de ella y sonrío… ¡Qué recuerdos!

Quién me iba a decir que, una de aquellas calabazas, que quedó olvidada en la bodega, iba a terminar alumbrando mis tardes de lectura, junto a la chimenea…

Ref. CA1101 - Lámpara de mesa con pie de calabaza

Ref. CA1101 – Lámpara de mesa con pie de calabaza
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